Las Promesas de Dios Eternas y Verdaderas para Salvación

Las promesas de Dios para su pueblo son para siempre y verdaderas, las más grandes manifestaciones de su amor y de su misericordia.

En su palabra Dios nos ha dado grandes y diversas promesas a quien le ha entregado su corazón y eso es un motivo para llenarnos de gozo y alegría esperando con entusiasmo su regreso.

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Además de proporcionar un consuelo para nuestra alma, estar siempre conectados con Dios nos brinda una felicidad indescriptible que podemos compartir dando a conocer su bendita palabra a quien no la ha recibido.

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Con la certeza de que Dios siempre cumple sus promesas podemos vivir plenamente confiados esperando que El cumpla el propósito para el cual fuimos llamados.

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Sabemos que Cristo vino a confirmar las promesas de Dios Padre  y mostrar la verdad que nos lleva al camino para alcanzar la salvación eterna de nuestra alma.

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Por lo tanto, en su palabra nos invita a ser imitadores de quienes por la fe y la paciencia heredan las promesas de amor que fueron dadas mediante el único mediador que es Jesucristo.

Textos Bíblicos para recordar la Misericordia de Dios

Tenemos plena conciencia de la misericordia de Dios,  sabiendo que Él nos mandó a su amado Hijo y que por su gracia somos salvos, aunque estábamos muertos nos dio vida y vida en abundancia.

Así mismo, los hijos de Dios siempre debemos admirarnos y estar atentos a las obras de Dios, especialmente cuando estas son dirigidas a la salvación de las almas.

El amor de Dios y su misericordia consiste en que Él nos amó primero otorgándonos la llave de la salvación por medio de su Hijo Jesucristo.

Por lo tanto, debemos tener una actitud de gratitud a Cristo y una conducta acorde al Evangelio para agradar a quien pago el precio de nuestros pecados.

Si continuamente buscamos a Dios, su poder se representa y nos transforma positivamente, llevándonos al arrepentimiento de los pecados pasados y llevándonos a recibir una vida plena y agradable a Dios.

Esta escrito que Dios cumplirá su propósito en cada uno de nosotros y sabiendo de sus preciosas promesas, podemos estar seguros de que seremos salvos si aceptamos a Cristo como Señor y Salvador.